miércoles, abril 30, 2008

Después de la cerveza Maldita


… Y que pasa si no es así?
… Que pasará cuando la boca y los ojos me delaten, Cuando a la mañana siguiente exponga las cicatrices dejadas por otro/s?
Tendré que cerrar los ojos y abrir las piernas sin sutileza alguna, emitir gemidos breves e intentar que la cama no rechine tanto.
No como con él, envueltos en chocolate, licor de almendra y un vino blanco que denota la ausencia del gato o del Concha y toro exportación, que nos acompañaba siempre al tener 890 justos para poder tirar con algo mas de alcohol, menos cerveza y sin cigarrillos, la boquilla vacía y el corazón también.

Como escribo?
Que como mierda escribo?

Así, simplemente así, a veces borracha, que en realidad es casi siempre.

Nunca mas lloro…
Que mentira, ni mi otro yo cree
Y creer en que?
Hoy solo me queda creer en esto: en la ansiedad maldita, en las manos temblorosas, en la cama vacía y en la botella llena, pretenciosa y fea.
Esperando que algún otro llegue, que el mundo de posibilidades lo ponga delante de mi o por detrás, que a decir verdad a estas alturas me da lo mismo… y hablar, hablar, reivindicarme, sutilmente, fugazmente, decir las cosas que no le he dicho a nadie, al menos no sobria, y tomar un helado de pistachos y chocolate y reír después de esa cerveza maldita.

lunes, abril 21, 2008


Que fue lo que nos ató
Cuando pensabamos que para ser felices era necesario estar borrachos
Para asi compartir la decadencia de este puerto
Cuidad sucia y hedionda a viejo.
Viejo como tú, claro, mas que yo,
Que como siempre
Bajo la faldita guardaba la infantilidad parchada.

Las manos atadas escondidas en los bolsillos
Para seguir pareciendo solos, para que nadie nos viera
Para poder escapar sin culpas
Para tapar las heridas con cartas lejanas de mala redaccion
o enjabonar las quemaduras bajo una ducha oxidada
Y un water con olor a mierda.

Pero la carne nos atrapó
Los moteles, la boca en los pechos, las manos en el culo
La tirada rapida, el polvo express.
Se me perdía el tiempo entre tanta cama, tanta plaza, tanto baño desconocido
Se me perdían las palabras entre tantos gemidos
Extavié la escritura
En el excesivo de corazones, calentura y estupidez.
Puerto maldito, hediondo a vejez
de donde emerge la vida singular
de ser mas
o tal vez
de simplemente no ser